¿Y tú qué eres? Víctima, perseguidor o salvador.

¿Y tú qué eres? Víctima, perseguidor o salvador.

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Desde comienzos del siglo pasado la psicología se ha convertido en una rama muy importante de la salud. Esto ha dado paso a una inmensidad de escuelas diferentes que han evolucionado muy rápido aportando resultados a su campo con eficacia y estudio científico. Una de estas novedades fue la creada por el científico Eric Berne al fundar su pensamiento de análisis transaccional que goza de postulados tan sencillos como la distinción entre niño, padre y adulto en cada uno de nosotros.

Otro estudioso y continuador de ésta rama de la psicología, Steven Karpman, creó lo que es para muchos psicólogos un patrón de comportamiento que se repite una y otra vez en infinidad de ocasiones. Se llama el triángulo dramático y se compone, también, de tres sencillas posiciones: el perseguidor, el salvador, y la víctima.

A lo largo de los años, la evolución y el estudio de este triángulo han traído a la luz fructíferos resultados y ahora ya es un punto de partida para solventar conflictos de pareja, familiares, entre amigos o incluso laborales.

La explicación, en líneas generales, es bastante sencilla:

Los seres humanos perdemos a menudo esa parte adulta que hace que tomemos buenas decisiones cuando nos enfrentamos a momentos de stress o traumáticos. Si a ello le sumamos la interactuación con otro semejante, nos enzarzamos en disputas sin sentido en las que solemos recurrir a posiciones en las que nos encontramos cómodos pero que no por ello resuelven nuestros problemas sino que los empeoran. Algunos gritan, otros lloran, otros se dicen que sólo quieren ayudar a todo el mundo y tratan de resolver los problemas ajenos en perjuicio propio. Éstos son tres claros ejemplos de las posiciones que hemos explicado con anterioridad.

Así, hay personas que aceptan ciertos papeles o roles y no hacen más que defender los mismos en una disputa:

Se encuentra el papel de víctima que siempre aceptará ataques, se desesperanzará e incluso llorará echándose la culpa de todo. Generalmente se amparan en frases como “No hay nada que pueda hacer”.

También es muy común el papel de perseguidor que culpará a ese otro, le criticará, le oprimirá y le controlará. Su frase principal sería “Todo es por tu culpa”.

Y ¿quién no conoce a ese salvador? La clásica persona que sólo trata de arreglar los problemas. Estas personas intentan aplicar toda su energía en arreglar la vida de los demás olvidándose de sí mismas, de sus ansiedades y de sus propios problemas. Si cabe este es el rol más controvertido ya que lo que en realidad les gusta es que la gente se olvide de lo que a ellos les afecta desviando la conversación hacia aquello que sólo se ocupa de la víctima ya que esta es una incapaz. Parafraseándoles, podemos encontrarnos con cosas como “Deja que te ayude, sé que tú no puedes hacer nada”.

Y tú qué eres Víctima, perseguidor o salvador

Pongamos un ejemplo que arroje un poco de luz a lo que acabamos de explicar:

Dos viejos compañeros de trabajo se encuentran y uno de ellos le dice al otro que ha observado a su pareja con otra persona. Aunque tenga claro cómo actuar, en vez de hablarlo abiertamente lo que hace es buscar en el otro la solución adoptando un papel de víctima con frases como “¿qué puedo hacer? siempre me ocurre lo mismo”, “como soy una persona tan ingenua la gente me engaña, ¿qué harías tú?”. De este modo su amigo acepta la desesperanza de su colega dando un paso al frente para admitir así que sólo su posición es la que podría ayudar realmente: “Déjalo, has de tomar una decisión contundente”, “no puedes dejar que se aprovechen de ti, yo no lo dudaría ni un segundo” y adopta así un rol de salvador.

Un par de días después, el mismo colega que había sido engañado, vuelve a hablar con el amigo a quién le había pedido consejo pero lo hace en otros términos como “Ahora estoy más sólo que nunca, y esto es por tu culpa”, “si no te hubiera hecho caso, seguro que lo habríamos arreglado” y de este modo tan sencillo, se ha convertido en un perseguidor.

Como se puede observar, no es sólo que adoptemos uno u otro de estos roles sino que además podemos rotar de uno a otro muy rápidamente, a veces en cuestión de segundos.

Desde luego hay formas de evitarlo y generalmente pasa por recordar que cada persona es responsable de su propia vida y de tomar sus propias decisiones aunque a veces sea muy difícil no entrometernos en las vidas ajenas. Esto no significa que hayamos de ser sólo máquinas frías incapaces de dar consejos pero en cambio es muy útil no dejarnos llevar por esa tendencia que nos hace culpar a los demás, a nosotros mismos, o tomar las riendas de las vidas de aquellos que nos importan. Puede sonar algo tópico, pero el cambio sólo puede comenzar en uno mismo.

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